Imagina un océano de aceite viscoso y denso; imagínalo en calma, en armonía; imagina la paz con la que transcurre su existencia. Los cientos de miles de ríos, que son como pequeños capilares, desembocan en él de manera tan sosegada que apenas perturban la paz del mismo. Es inmenso, es titánico, es eterno e inmutable. Su absoluta deidad es tal que no eres capaz de idear un sólo momento en la historia en el que no haya existido esta bestia colosal. Incondicionalmente quieto, con un ritmo de movimiento de tal lentitud que no aciertas a verlo como algo dinámico. Nada lo perturba, ni los niños lanzando piedras desde la orilla, ni los inmensos barcos surcándolo, ni los vientos... nada consigue apenas alterarlo lo más mínimo y los desprecia con desdén, como si su majestuosa fuerza fuera inmutable.
Imagina ahora que, del cielo cubierto de nubes densas y oscuras, se precipita una sola gota de agua hacia este océano. Imagina a esa gota saltando desde lo más alto de la atmósfera y acelerándose más y más para estrellarse con toda la fuerza cinética que es capaz de acumular durante su caída contra la superficie en calma absoluta de nuestro gigante. Una minúscula y transparente gota que impacta con el grandioso océano y de repente... en el preciso, acotado y exacto punto de impacto se desata la reacción desmesurada a una acción de fuerzas. El aceite del océano salpica de manera exagerada a varios metros alrededor, creándose unos círculos de varias decenas de metros causados por esta primera gota, abriendo en canal al mismísimo dios de la calma, hiriéndole de manera puntual pero punzante. Increíble. Y a los pocos segundos, otra gota decide precipitarse; y antes de que alcance al océano, otra más y otra y una más. Y la visión es apocalíptica, cientos de miles de proyectiles caen inevitablemente sobre el mar de aceite, destrozando toda la calma que una vez reinó en él. Lo hacen saltar, con olas de varios metros, lo revolucionan por completo, el viento aprovecha esta descompostura y se une contra la quietud imperante durante siglos. Surgen remolinos que alcanzan el mismo fondo jamás descubierto; maremotos que hacen temblar a las placas tectónicas; rayos, descompuestos en impresionantes relámpagos y aterradores truenos que parten en dos los cielos y electrifican al mismísimo aceite. El océano entero comienza a bailar, a descontrolarse, es incapaz de recuperar el control sobre sí mismo, nadie ni nada antes había sido capaz de hacerle temblar de esta manera. Una sola gota de esa tormenta ha sido suficiente para impresionarle y desarmar su grandeza. Una sola gota, descarada y decidida; atrevida y con una sencillez que resulta absolutamente preciosa ha sido capaz de desobedecer a todas las leyes lógicas que reinaban hasta el momento...
¿Y todavía me preguntas que por qué no puedo evitar decirte que te quiero? Pues porque me he vuelto adicto a esas tormentas.
"Póngame un poco de miscelánea... no sé, como cuarto y mitad. Y me lo envuelve en un blog. Gracias."
viernes, 19 de septiembre de 2014
miércoles, 14 de mayo de 2014
No...
No, no lo hagas. Otra vez no. No tienes derecho a mirarme así... En realidad sí, tienes todo el derecho del mundo a hacer lo que quieras conmigo. Pero yo no quiero darte ese derecho. No quiero que tu mirada penetre mi escafandra de esa forma tan rotunda, ahogándome y robándome las palabras que suelo respirar. No quiero que las murallas de roca que construyo durante años y las fortalezas en las que me creo seguro se tornen tan absurdamente endebles y se derrumben ante el recuerdo de tu perfume; no quiero que camines con ese movimiento de caderas tan tan hipnótico sobre los restos de piedra amontonados fútiles por el suelo, vagos recuerdos de esos años acumulando heridas, pagarés de cicatrices. ¿Quién te dio el permiso para ser tan perfecta? ¿Quién te ofreció los bocetos para construir el templo que alberguase mi amor? Los guardaba tan profundos en mi ser que ni siquiera yo era consciente de su existencia... hasta que te conocí. Es como si pudieses leer lo que mi corazón escribe, interpretarlo y construir una psique mejorada de mi idealización, como si cogieses los desvaríos de este viejo y tonto corazón, romántico desgastado, y creases algo coherente. Es como si hicieses todo eso... tan sólo siendo tú misma. Y no quiero. No quiero ser tan vulnerable y acabar diciendo incoherencias como te quiero... Pero, ¿sabes que? Te quiero.
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